LA IZQUIERDA DECENTE

Indalecio Prieto reconoció su error públicamente en 1942, por haber apoyado la Revolución de Octubre de 1934: Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria... Colaboré en ese movimiento con el alma, acepté las misiones a que antes aludí y me encontré, ¡hora es ya de confesarlo!, violentamente ultrajado.
El socialista Zapatero conduce España hacia otro callejón sin salida por haber puesto en marcha de nuevo la máquina guerracivilista apoyado en una nueva conjunción social-nacionalista, que sin recurrir al golpe de Estado puede acabar con la nación española como conjunto de ciudadanos cuya libertad e igualdad se garantiza por el imperio de una misma ley. Caídas Cataluña y Euskadi, Galicia espera a la vuelta de la esquina.
Es seguro que muchos integrantes de la que los progresistas sin complejos y con algunos conocimientos podemos llamar izquierda nacional se oponen al discurso balcanizante de Zapatero, e incluso alzan la voz para advertir del desastre por medio de manifiestos como los que circulan desde hace dos años por España. Pero, así como en 1934 un socialista honrado y miembro relevante del PSOE como Julián Besteiro condenó la deriva revolucionaria y social-nacionalista de su partido en nombre de la izquierda democrática y legalista, hoy en día no surge un líder socialista que defienda de nuevo la democracia y la decencia desde la izquierda.
Reconforta pensar que todavía existe en la sociedad española una izquierda decente. Pero dentro de unos años muchos socialistas y votantes del PSOE llorarán como Prieto por haber sido cómplices de la destrucción de la democracia española.
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