CONTRA LA VOLKSGEMEINSCHAFT O COMUNIDAD NACIONAL

Por eso, los hoy todopoderosos y antaño franquistas Polanco y Cebrián han hecho resucitar ese añejo concepto de sus orígenes a sus intelectuales del pesebre, para alfombrar el camino de su peón principal, el presidente de gobierno Zapatero, en su proyecto de convertir España en una suerte de confederación ibérica de comunidades nacionales. Resulta risible que una de las mayores fortunas del mundo, Polanco, gestione el aparato cultural-mediático-político de la izquierda española. Se trata del más rancio plan para imponer la ley de los poderosos: organizar una izquierda domesticada, demagoga y populista, un progresismo de charanga y pandereta, que demonice a los que defienden el Estado de derecho, enemigo secular de las oligarquías del Antiguo Régimen.
La auténtica izquierda, la izquierda progresista e ilustrada, no puede sino proclamar la democracia liberal, el Estado de derecho constitucional, como escudos para defender a los humildes de los poderosos. Por eso el objetivo de la izquierda aquí y ahora en España es defender la Constitución de 1978 del acoso y derribo al que le somete la oligarquía financiero-mediática disfrazada de progresía de salón.
Y si para defender la Constitución de 1978 hay que apalancarse en el único partido constitucional que queda, el PP, habrá que hacerlo. También la izquierda francesa se unió a la derecha y aceptó el liderazgo del general De Gaulle para vencer al colaboracionismo de Petain con el nacionalismo alemán que arrastraba a Francia a su destrucción como democracia y como nación.
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