La bicicleta constitucional

Rajoy ha demostrado ser un político moderado, dialogante y nada extremista, situando el consenso nacional por encima de la política partidista que le podría haber llevado a aprovechar la debilidad y tancredismo de Zapatero ante el desafío de Ibarretxe para hacer sangre y ganar miles de votos en España. Rajoy es un hombre de Estado.
Zapatero tiene un problema: su proyecto anarco-cantonalista para España, obligado por su debilidad parlamentaria que le ata a fuerzas totalitarias como los eco-comunistas de IU y los etno-secesionistas de ERC, parecía naufragar ante la opinión pública española y amenazaba con arrastrar a Zapatero al desastre electoral. Los españoles no le perdonarían que no se comportara como hombre de Estado ante el desafío secesionista.
Como algunos llevamos un año proclamando, es necesario que se ponga en marcha la bicicleta constitucional. La democracia española se sustenta en la Constitución de 1978, y su consolidación y eventual reforma sólo pueden hacerse andando sobre dos ruedas: la derecha y la izquierda constitucionales, esto es, a la vez democráticas y nacionales. Si pincha una de las dos ruedas, acaba el paseo.
Pero ¿será capaz Zapatero de mantener este discurso de unidad nacional? No podemos fiarnos, porque ERC e IU, sus soportes parlamentarios, ya han dicho que no permitirán que el PSOE una sus fuerzas con el PP. Esta foto de ayer en la Moncloa puede ser un acto más de agit-prop, arte en la que Zapatero es un experto. Estemos vigilantes, porque a medio plazo sólo hay dos salidas: si Zapatero quiere mantener la bicicleta constitucional para asegurar el mantenimiento de la democracia en España, deberá abandonar sus aliados totalitarios y buscar otros o convocar elecciones. Si mantiene el pacto con ERC e IU, Zapatero habrá roto la unidad nacional y nos habrá engañado una vez más.
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