
El jueves 13 de Enero, el día que el presidente del gobierno español iba a cometer la infamia de recibir en la Moncloa al líder de la sedición proclamada por el parlamento autonómico vasco, Juan José Ibarretxe el gremlin de Ajuria Enea, nos sorprendió el diario El País con una batería de artículos, nada menos que tres, de la IZQUIERDA PERDIDA (Arcadi Espada dixit), la izquierda que se opone al proyecto anarco-cantonalista de Zapatero. Sin duda su comisario político, Juan Luis Cebrián, se encontraba fuera de España...
Izquierda a la que pertenecemos muchos en España, una izquierda MODERNA nacida de la Ilustración, y tan distante de esta izquierda POSMODERNA que crece en esta anestesiada Europa, jardincillo franciscano donde brotan toda una serie de plantas carnívoras por retrógradas como el ecologismo radical, el nacionalismo étnico, el pacifismo ciego, el multiculturalismo segregador y demás morralla reaccionaria, todo ello envuelto con brillantes colores de seudoprogresismo que sirven para embobar a los incautos y para camuflar a los oportunistas.
Izquierda que en consecuencia se opone a la política de contemporización con la pinza Ibarretxe-Rovira que amenaza con llevar a España por el camino de la balcanización. Lo anunciaba el filósofo
Fernando Savater en su vibrante artículo
Contra el pueblo vasco, lo continuaba el escritor vasco
Patxo Unzueta en
Lo que no quiere oír, y lo remataba la socialista
Rosa Díez con
La hora de la verdad.De todo ello, me quedo con el
aviso para navegantes de Savater, advertencia sin duda dirigida a nuestro capitán, el sonriente presidente de gobierno:
”Se nos recomienda no inquietarnos ante el plan Ibarretxe, porque las leyes impedirán su desarrollo. Y eso me recuerda la anécdota del poeta alemán Heine, al que divertía la fe ciega de los franceses en su aparato legal. En cierta ocasión, dando un pequeño paseo en barca por la costa, la marejada inquietó a algunas pasajeras galas y él las serenó irónicamente: "Tranquilas, señoras, nous sommes sous la protection de la loi". ¿Será suficiente también para nosotros saber que, si el tsunami nacionalista nos arrastra, nos ahogaremos con la ley de nuestra parte?