LA VASCONIA DE LAS LUCES



François-Marie Arouet Voltaire marcó un punto de inflexión en el Siglo de la Luces, en el movimiento cultural de la Ilustración, al basar la defensa de la tolerancia en el lema “aplastemos la infamia”. Vale decir, en la lucha contra la intolerancia, expresada fundamentalmente en tres vertientes: la superstición, la tiranía y el fanatismo.

Patxi Arroeta, el humilde autor de estas líneas es un vasco que combate con la palabra esta triple amenaza que hoy en día supone el nacionalismo étnico vasco, que combate con la palabra libre, sin miedo a resultar molesto. Porque sabe que la luz, las luces, molestan a los ojos de quienes viven en la oscuridad.

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CONTRA LA VOLKSGEMEINSCHAFT O COMUNIDAD NACIONAL

ibarretxe_lopez.jpgComunidad nacional es un concepto nacional-socialista, traducido del original alemán “volksgemeinschaft”, esto es, una sociedad no de individuos libres, sino un sujeto colectivo, un auténtico organismo conducido por un alma, el espíritu de la nación o “volksgeist”. Comunidad nacional es pues un concepto etnicista que Ramiro Ledesma Ramos y José Antonio Primo de Rivera tradujeron al fascismo español, y que Franco asentó en su “Ley Fundamental de los Principios de Movimiento” de 1958.

Por eso, los hoy todopoderosos y antaño franquistas Polanco y Cebrián han hecho resucitar ese añejo concepto de sus orígenes a sus intelectuales del pesebre, para alfombrar el camino de su peón principal, el presidente de gobierno Zapatero, en su proyecto de convertir España en una suerte de confederación ibérica de comunidades nacionales. Resulta risible que una de las mayores fortunas del mundo, Polanco, gestione el aparato cultural-mediático-político de la izquierda española. Se trata del más rancio plan para imponer la ley de los poderosos: organizar una izquierda domesticada, demagoga y populista, un progresismo de charanga y pandereta, que demonice a los que defienden el Estado de derecho, enemigo secular de las oligarquías del Antiguo Régimen.

La auténtica izquierda, la izquierda progresista e ilustrada, no puede sino proclamar la democracia liberal, el Estado de derecho constitucional, como escudos para defender a los humildes de los poderosos. Por eso el objetivo de la izquierda aquí y ahora en España es defender la Constitución de 1978 del acoso y derribo al que le somete la oligarquía financiero-mediática disfrazada de progresía de salón.

Y si para defender la Constitución de 1978 hay que apalancarse en el único partido constitucional que queda, el PP, habrá que hacerlo. También la izquierda francesa se unió a la derecha y aceptó el liderazgo del general De Gaulle para vencer al colaboracionismo de Petain con el nacionalismo alemán que arrastraba a Francia a su destrucción como democracia y como nación.
06/04/2005 21:29

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