
Tengo para mí que el principal error de Bush con la guerra de Irak ha sido convertir una dictadura cruel, pero laica y sin complicidad con el terrorismo islámico, en otra posible cueva de la
Bestia islamista.
En la guerra de Bush contra Sadam Hussein uno se pudo situar a favor o en contra, y por muy diversos motivos. Algunos nos situamos en contra precisamente porque pensábamos que el objetivo era equivocado en la guerra que sin ninguna duda Occidente tiene que librar contra el islamismo, la nueva barbarie del siglo XXI. En contra porque el tirano de Bagdad mantenía en su país una dictadura sangrienta, pero no más que muchas de las que existen y siguen existiendo en el mundo, pero no era la cueva de la
Bestia islamista como lo había sido Afganistán. El Irak de Sadam Hussein no tenía armas de destrucción masiva, no era un Estado islamista, y no había terrorismo islámico en su seno porque el dictador no lo permitía.
Pero una vez derrocado Sadam Hussein, lo que no se puede hacer es abandonar al pueblo iraquí a su suerte, a la espera de una guerra civil entre fundamentalistas de todo tipo, etno-terroristas kurdos en el norte, islamo-terroristas suníes en el centro e islamo-terroristas chiíes en el sur. O que se convierta en definitiva en un nuevo Estado islámico, como Irán, Arabia Saudí o Pakistán, cavernas del fanatismo donde se engendra el huevo de la serpiente islamista, la serpiente de la
yihad o guerra santa contra Occidente.
Ahora no podemos abandonar al pueblo iraquí a su suerte. Bush se equivocó con su guerra unilateral, y debe pagar por ello. Pero como dice Kerry, hay que buscar una salida multilateral al caos iraquí, ayudar a construir una democracia y evitar la islamización de ese país. EE.UU. no puede ahora salir corriendo de Irak. Como pontifica el irresponsable Zapatero.